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Nuestra vocación convertida en vacación

A menudo a qué dedicar nuestra vida se convierte en un rompecabezas. Nos pasamos estudiando entre 12 y 18 años para luego ¿qué? Horas y horas haciendo multiplicaciones y aprendiendo cómo las plantas realizan la fotosíntesis. No siempre la enseñanza nos prepara para lo que nos espera allá fuera, en el mundo laboral. Un enfoque más práctico y realista ayudaría, pero ese es otro tema.

Pasa a la acción

Este artículo busca romper barreras. ¿Por qué no podemos ‘trabajar’ de aquello que nos gusta y siempre hemos querido? Nuestro alrededor está lleno de comentarios negativos: ‘eso es imposible’, ‘nunca lo lograrás’, ‘¿Astronauta? ¿estás loco?’ y un largo etcétera. Esta clase de habladurías nos infunden creencias que nos limitan: ‘nunca podré ser aquello que deseaba porque me han dicho que… ‘. Sin saberlo estamos siendo saboteados.
Hoy rompemos ese techo que ha creado nuestro entorno. A qué dedicaremos nuestra vida dependerá única y solamente de nosotros. Antes de averiguar qué queremos ser, dediquemos un momento para mirar hacia nuestro interior, ¿quiénes somos?, ¿qué nos mueve? Hemos de vibrar con nuestro objetivo de vida, tiene que enorgullecernos y excitarnos aquello a lo que destinamos nuestro esfuerzo y máximo empeño. Debemos tener certeza y no dejar ni una sola posibilidad al azar, para que día a día estemos más cerca de dónde queremos estar. Del mismo modo, sentirnos merecedores, tener confianza y ser constante resulta clave.
Sumar todos estos valores nos permitirá alcanzar nuestra meta. Llegados a este punto y encontrada nuestra pasión, sabremos que aquello a lo que nos dedicamos nos es un trabajo, pero trabajamos duro. Nos dedicaremos a aquello que nos gusta y nos esforzaremos.
Recuerda, la vida no nos debe nada, ¿qué podemos ofrecer nosotros?

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